El Pacto de Sangre y Hierro



Y ahí estaba yo, gozando de todas las riquezas de las que me había apropiado, llorando por mis errores, y enojado con mis temores. En este momento me puse a pensar en que de no ser por ese tonto contrato todo pudo terminar de otra forma, quizá estaríamos viendo un final feliz, aunque, pensándolo mejor, entrar en esto nunca tiene un final alternativo más que desgracia.

-¡Vermunt, ven aquí! Quiero que estos caballeros conozcan a mi gran sucesor.

-Aquí estoy… -dije en voz baja con timidez.

-Eso es, aquí está el orgullo de mamá. 

Los hombres con traje me saludan sonriendo y con unas palmadas en la espalda. Cortésmente los saludé de igual manera aunque incómodo por no conocerlos.

-¿Qué tal, muchacho? Nos alegra tenerte presente en este día tan especial para todos nosotros -¿Especial? ¿En serio ellos se tomaban esto como algo esplendoroso?

Era 23 de diciembre de 1945, un año antes en una noche en la ciudad de Nueva York, La Orden Gloriosa, el cártel de mi familia, había conseguido la rendición de los Caballeros Templarios, el cártel enemigo. Mi madre había organizado una cena en conmemoración por las vidas familiares que se perdieron y en celebración de la derrota del adversario.

-A mi madre y a mi nos grata tenerlos aquí en la cena formal en nuestra residencia. -eso era mentira.

-Qué joven tan educado -exclamó uno de los dos caballeros-. Cuando crezcas nuestros sucesores te mirarán con el mismo respeto con el que vemos a tu madre ahora mismo. 

-Espero que no… -dije casi susurrando.

La plática no duró mucho más y los hombres de traje se fueron, mas solo eran un par de los muchos que se me acercaron para darme sus respetos al ser el próximo líder del cártel del cual, mi madre, era cabecilla. 

Después de un par de horas ya todos estaban por su lado. Yo los miraba con cierto desprecio al saber los actos que la mayoría había cometido. Es entonces cuando mi madre me nota un poco indispuesto.

-Sabes que algún día deberás entregarte a este puesto, para entonces habrás aprendido mucho, apenas eres un niño de quince años y no creo que entiendas lo que conlleva estar aquí en la cima -Tampoco quería entenderlo.

-¿Y si no quiero ser parte de todo esto? -respondí armado de valor.. entonces ella me mira algo decepcionada.

-Quiero que veas algo -me dijo. 

Fue cuando se dirigió hacia su habitación e hizo señas con la cabeza para que la siga. Una vez  en su aposento abrió un cajón y dentro había muchas cajas pequeñas, pero mi madre coge una en especial y la abre con una llave que llevaba consigo. En ella había un papel con un texto extenso. 

-Las personas que vinieron están fiadas de que tú serás el próximo heredero de mi puesto, pero no puedo cederlo a tu persona sin que antes firmes este contrato donde aceptas todas mis pertenencias y el puesto de líder del cártel. 

De repente sentí una ira muy fuerte dentro de mí que me hizo romper el contrato en pedazos. Yo sabía perfectamente que no quería terminar igual que la mayoría de mis antecesores. Pasados unos segundos de mi dramática escena, mi madre saca otro papel exactamente igual y lo guarda dentro de la caja, cerrando nuevamente esta con llave. 

-¿Crees que no me esperaba que hicieras eso? Eres mi hijo y te conozco mejor que nadie. Te dejaré esta caja en tu habitación, para que lo reconsideres en su momento. ¡Ah!, y por cierto, si se te ocurre romper esta caja, que sepas que está hecha de hierro puro, así que ni te molestes en intentarlo.

Mi madre dejó la caja y volvió con los invitados mientras yo solo la miraba con temor. Así fue como empezaron las noches sin poder dormir al ver esa caja en la repisa de mi cuarto. Era como si me susurrara durante la madrugada, tentándome a que aceptase la propuesta de mi madre.


Continuara...


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