El comienzo de un nuevo pacto
Ya era 23 de diciembre de 1945, y un año antes en una noche en la ciudad de Nueva York, La Orden Gloriosa, el cártel de nuestro linaje, consiguió la rendición de los Caballeros Templarios, el cártel enemigo. Me encontraba viendo de lejos a la líder y a su hijo, mientras conversaba con un primo con quien mantenía conexión. Ni él ni yo éramos tan cercanos a la líder y mucho menos a su hijo. Solo podía juzgarlos desde la ignorancia.
-Entonces él será nuestro futuro líder y guía para las próximas generaciones. No sé si sea capaz de manejar todo esto él solo, siendo apenas un niño.
-Pero si su madre lo ha decidido es por algo, y no debemos cuestionar al líder, Jacob. Aparte no hay nadie tan competente o mínimamente “decente” como para convertirse en un buen guía para toda la familia.
-¡Ja!, mírame a mí, yo ayudé mucho en nuestra última hazaña, también podría convertirme en el nuevo líder, de todas formas ella debe verle algo de potencial a ese crío como para querer cederle el trono.
Nos acercamos a saludar y de esta forma conocer mejor a la líder y, si se nos daba la oportunidad, conocer también a su sucesor. Poco antes de acercarnos para hablar con ella, el niño salió corriendo por alguna razón, así que solo pudimos conversar con la madre.
Pasaron unos quince minutos y seguíamos platicando sobre nuevos planes y la victoria que habíamos tenido. Cuando la madre llamó a su hijo, Vermunt. Gritó su nombre y vino inmediatamente. Entonces me dispuse a preguntar.
-¿Qué tal, muchacho? -mirándolo de forma seria-. Nos alegra tenerte presente en este día tan especial para todos nosotros.
El niño aparentaba estar incomodo, lo que nos hizo pensar a mí y a Alexander en si fuese realmente capaz.
-A mi madre y a mí nos grata tenerlos aquí en la cena formal en nuestra residencia -lo decía de forma dudosa.
La forma en la que me contestó me hizo pensar que al menos tenía valores.
-¡Qué joven tan educado! -exclamó Alexander-. Cuando crezcas nuestros sucesores te mirarán con el mismo respeto con el que vemos a tu madre ahora mismo.
El chico susurró algo que no pudimos entender y poco después la plática terminó. Nos fuimos mientras algunos más llegaban a saludarlo a él y a su madre. Se le veía un poco indispuesto, entonces notamos que su madre y él se dirigieron hacia dentro de la casa. Al parecer conversaron de algo privado. Algo en nosotros nos dijo que fuéramos porque sabíamos que había algo raro que teníamos que saber. Nos acercamos a una ventana que nos permitió ver su aposento y escuchar la conversación que tenían.
-Sabes que algún día deberás entregarte a este puesto, para entonces habrás aprendido mucho, apenas eres un niño de quince años y no creo que entiendas lo que conlleva estar aquí en la cima -decía su madre.
-¿Y si no quiero ser parte de todo esto? -respondió el chico.
Yo estaba un poco indignado sabiendo que la líder era muy fiel a sus ideales y no permitiría ese tipo de comportamientos. De repente le mostró un cajón y dentro había muchas cajas pequeñas, pero la madre cogió una en especial y la abrió con una llave que llevaba consigo. En ella había un papel con un texto extenso.
-Las personas que vinieron están fiadas de que tú serás el próximo heredero de mi puesto, pero no puedo cederlo a tu persona sin que antes firmes este contrato donde aceptas todas mis pertenencias y el puesto de líder del cártel.
De repente, Vermunt, en un ataque de ira, rompió el papel en pedazos. Aparentemente estaba seguro de no querer ser el nuevo líder. Pero la madre parecía tener plan de respaldo, ya que sacó otro papel idéntico y lo metió dentro de la caja para luego cerrarla con llave..
-¿Crees que no me esperaba que hicieras eso? Eres mi hijo y te conozco mejor que nadie. Te dejaré esta caja en tu habitación, para que lo reconsideres en su momento. ¡Ah!, y por cierto, si se te ocurre romper esta caja, que sepas que está hecha de hierro puro, así que ni te molestes en intentarlo.
La líder dejó la caja, y sin decir más, volvió con los invitados. Nosotros nos escondimos rápidamente y nos alejamos para volver con los demás. Alexander seguía un tanto sorprendido de la situación mientras que a mí se me ocurrió una idea. Vermunt no se notaba capaz de poder aceptar ese contrato. ¿Por qué debía ser él? yo estaría muchísimo más dispuesto a convertirme en su nuevo guía.
-Alexander, deberíamos robar ese contrato y asesinar a la madre, si nadie se entera de lo que acaba de pasar y tampoco de la muerte de su madre, podría convertirme en su líder y nos llevaría a cosas grandes.
-¿Estás loco, Jacob? Sabes lo que nos harían si supieran que cometimos una traición como esa.
-Yo tomaría ese riesgo para no dejar que ese niño llorón se quede con todo y no sepa hacer nada. Así que tú decides si estás conmigo o en mi contra.
Alexander se quedó pensando pero él sabía que yo tenía la razón. Solo quedaba que acepte para comenzar con un buen plan y al fin llegar a obtener todo el poder.
-Está bien -dijo después de unos segundos- te ayudaré, pero si veo que esto comienza a salir mal me retiraré.
-No lo harás porque nada saldrá mal, una vez llevemos a cabo nuestro plan, tú y yo seremos los líderes más recordados de todas las generaciones pasadas. Mientras que ese niño no será más que el hijo inútil de una antigua líder.
Continuara...

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